El objeto más bello
de tu sala
gira a 33⅓.
Platos de aluminio macizo que flotan sobre imanes, cromo pulido a mano y acrílico tallado como cristal. Cada Transrotor nace en un pequeño taller familiar junto a Colonia, Alemania, para sonar —y lucir— durante décadas.
Hay equipos que se esconden en un mueble. Un Transrotor se exhibe. Se mira como se mira un buen reloj: de cerca, en silencio, y siempre una vez más.
Desde 1971 la familia Räke construye tocadiscos con una idea simple: que el objeto que reproduce tu música merezca estar a la vista. Por eso cada pieza se tornea, se pule y se ensambla a mano en Bergisch Gladbach, y por eso un Transrotor se diseña para durar décadas, no temporadas.
Es mecánica de precisión que se disfruta dos veces: cuando la miras girar y cuando cierras los ojos. La primera te detiene. La segunda te atrapa.
Cromo, acrílico
y silencio.
Columnas pulidas hasta reflejar la habitación entera, platos que pesan lo que una maleta y un brazo que se posa sobre el disco con la delicadeza de una pluma. Un Transrotor no decora tu espacio: lo ordena alrededor de la música.
Lo que haría un relojero
con un tocadiscos.
Transrotor habla el mismo idioma que la alta relojería: piezas que casi nadie verá, terminadas como si todos fueran a mirarlas. Hasta los nombres lo delatan.

La complicación como homenaje
Su tornamesa más compleja lleva el nombre del mecanismo más admirado de la relojería: plato de acrílico de ocho centímetros, tres motores y transmisión magnética sin contacto. Complejidad al servicio de una sola cosa: la precisión.

El corazón que marca el tiempo
Las fuentes Konstant gobiernan el motor a 33⅓ y 45 rpm, con corrección fina de velocidad, para que el giro sea tan estable como el segundero de un buen reloj. Sin prisa, sin pausa, sin titubeos.

Suspendido como un cronómetro
En el Artus, todo el mecanismo cuelga de una suspensión cardánica —la misma idea de los cronómetros marinos— y puede oscilar libremente en todas direcciones para anular las vibraciones del suelo.
Entre el motor y tu disco,
solo imanes.
En un tocadiscos convencional, la correa une el motor con el plato, y con ella viaja su vibración. Transrotor separó ambos mundos: el motor mueve un subplato inferior y éste arrastra al superior —el que sostiene tu disco— solo por fuerza magnética. Sin roce, sin contacto, sin ruido mecánico que llegue a la púa.
El resultado se escucha como calma: fondos más negros, notas que nacen y mueren sin esfuerzo, y una estabilidad que hace olvidar que hay algo girando.
El acople magnético integrado en el eje. De serie en el Fat Bob S y presente en modelos como Alto y Leonardo.
La evolución: cada subplato con su propio rodamiento, unidos únicamente por imanes. El corazón de Rondino, Orion y Artus.

Una familia,
una sola obsesión.
Todo empieza con una importación
Jochen Räke, que armaba radios y amplificadores desde adolescente, empieza a importar a Alemania los tocadiscos británicos Transcriptors. Admira su ingeniería, pero sueña con unirla a la calidad de fabricación alemana.
Nace el primer Transrotor
Llega el Transrotor AC, uno de los primeros tocadiscos de acrílico del mundo. Ese material —transparente, denso, silencioso— se convierte en la firma de la casa hasta hoy.
Seguir cuando todos se rinden
Con la llegada del CD, casi todos los fabricantes abandonan el vinilo. Jochen hace lo contrario: levanta su propia fábrica en Bergisch Gladbach. Años después, el mundo volvería a los discos… y Transrotor seguía ahí.
El Artus, la pieza maestra
Jochen diseña el Artus, inspirado en la mesa redonda del rey Arturo: 220 kilos, 1,2 metros de altura, más de 180 piezas, tres motores y suspensión cardánica. El primero se construye al año siguiente.
La segunda generación
Dirk Räke, hijo de Jochen, lleva Transrotor por el mundo. La empresa sigue en manos de la familia, con más de un centenar de diseños en su historia y la misma regla de siempre: cada tornamesa se hace a mano, en Alemania.
Hecho a mano,
pieza por pieza.
Barras de aluminio macizo que se tornean, bloques de acrílico que se tallan y se pulen hasta volverse cristal, cromo trabajado a mano hasta reflejar la sala completa. El desarrollo y el montaje final se hacen en casa; los componentes vienen de proveedores de la misma región, y cada unidad pasa por control de calidad antes de salir de Alemania.




Encuentra
tu Transrotor.
Desde la primera tornamesa seria de tu vida hasta una pieza que se instala como una obra de arte. Distintas escalas, la misma alma.
Acrílico negro pulido a espejo y plato de aluminio de unos 10 kg. Admite dos brazos y puede crecer con rodamiento TMD.
Aluminio pulido a mano, plato de 12 kg y TMD de serie. Un clásico que más de una producción de cine eligió para sus sets.
Plato de 10 kg sobre una base sándwich de acrílico y aluminio macizo. FMD sin contacto y hasta tres brazos.
Plato de aluminio macizo de ocho centímetros, chasis de dos capas y FMD con fuente propia. Hasta dos brazos.
220 kilos, 1,2 metros de altura, tres motores y un mecanismo completo suspendido en cardán. El Artus no se instala: se le da un lugar. Por encargo directo de fábrica, con montaje a cargo de Highend.
¿Prefieres un sistema completo, listo para sonar?

Escúchalo con calma.
Disfrútalo por décadas.
En Highend somos distribuidores exclusivos de Transrotor en Chile. Te recibimos en nuestro showroom de Lo Barnechea, con cita previa, para que escuches la diferencia con tus propios discos. Y cuando tu Transrotor llega a casa, lo instalamos y ajustamos como lo pide un instrumento de precisión.
Una sala, tu música y todo el tiempo que necesites.
Nivelación, brazo, cápsula, fuerza de apoyo y velocidad.
Servicio técnico autorizado y repuestos originales.
Tu equipo actual puede ser parte del camino.
Antes de poner la púa.
¿Qué diferencia hay entre TMD y FMD?
Ambos son transmisiones magnéticas creadas por Transrotor. En el TMD (Transrotor Magnetic Drive) el motor mueve un subplato inferior que arrastra al plato principal mediante imanes, dentro del mismo eje. El FMD (Free Magnet Drive) va un paso más allá: cada subplato tiene su propio rodamiento y la única unión entre ellos es el campo magnético. En ambos casos, la vibración del motor no llega a tu disco.
¿Las tornamesas Transrotor vienen con brazo y cápsula?
Depende del modelo y de cómo lo configures. Transrotor fabrica sus propios brazos, como el TRA 9, y sus chasis admiten también brazos de otras marcas; varios modelos aceptan dos o incluso tres brazos. En Highend te ayudamos a elegir el brazo y la cápsula —por ejemplo, una Dynavector— según tu sistema y la música que escuchas.
¿Puedo escuchar un Transrotor antes de decidir?
Sí. Te recibimos en nuestro showroom de Lo Barnechea, con cita previa, para que escuches con calma y, si quieres, con tus propios discos. Agenda tu audición privada por WhatsApp.
¿Quién instala y ajusta la tornamesa en mi casa?
Nosotros. Una tornamesa de este nivel es un instrumento de precisión: la nivelamos, montamos y alineamos el brazo y la cápsula, ajustamos la fuerza de apoyo y verificamos la velocidad para que suene como debe desde el primer disco.
¿Puedo mejorar mi Transrotor más adelante?
Muchos modelos están pensados para crecer contigo. El ZET 1, por ejemplo, admite un segundo brazo y puede actualizarse con rodamiento TMD. Además, Transrotor mantiene repuestos por muchos años, porque sus tornamesas están hechas para durar décadas.
¿Cómo se compra un Transrotor en Highend?
Los modelos de entrada, como el ZET 1, están disponibles en nuestro catálogo online. Los modelos de referencia se encargan directo de fábrica, con asesoría personal de principio a fin. Somos distribuidores exclusivos de Transrotor en Chile.

